¿Qué son las novelas distópicas?

La novelas distópicas se basan en un concepto filosófico adoptado por varios autores y que se expresa en sus creaciones de ficción: la distopía. Básicamente, una distopía se caracteriza por representar a una sociedad construida en el sentido opuesto al de la utopía, que a su vez establece un sistema perfecto, un estado ideal, donde rige la máxima felicidad y la plena concordia entre sus ciudadanos; en otras palabras, una distopía sería una sociedad imperfecta, en donde podemos observar cierta incoherencia entre sus valores, discursos y prácticas.

Las novelas distópicas también pueden representar un régimen utópico que en la práctica dista de la teoría (como es el caso de 1984, de George Orwell). Las comunidades regidas por la distopía normalmente disponen de gobiernos totalitarios, dictatoriales, los cuales ejercen un poder tiránico y un dominio ilimitado sobre el grupo social.

En estos estados, presentados con bastante frecuencia en las novelas distópicas, impera la corrupción y las reglas impuestas en nombre del bienestar colectivo. Las conquistas tecnológicas son utilizadas también como instrumentos de monitoreo de los individuos, de la Nación o de grupos empresariales.

En la ya mencionada 1984, Orwell describe una entidad social gobernada por una oligarquía que profesa el colectivismo, la doctrina en que los bienes de producción y el consumo son también distribuidos por cada miembro de la colectividad. Los que cuestionan este régimen son combatidos y eliminados. De hecho, fue el clásico de Orwell el que acuñó la expresión “Big Brother”, el ojo que todo lo ve, hoy de uso tan común en la Ciencia Ficción.

Publicaciones como esta reproducen narrativas que valen como advertencias o ironías, explicitando los modernos pactos sociales y las limitaciones generalmente incorporadas en el más alto grado. A diferencia de las utopías, concretizadas en épocas totalmente distintas del mundo actual, las distopías están profundamente arraigadas en nuestra forma de vivir; sobre todo en relación con el desarrollo de las tecnologías.

Generalmente se pasan en los tiempos que están por venir, pero ya a punto de llegar, como en lo es en el subgénero del cyberpunk. Entonces, los escritores presentan una corporación equipada con recursos tecnológicos considerables. A través de ellos ella oprime un universo en el que el nacionalismo ha perdido fuerza. Se Destaca en este estilo de la novela Neuromante, de William Gibson.

La tecnología en su versión más opresiva está presente en la trama de Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley, una de las novelas distópicas más leídas de todos los tiempos. En esta trama el lector se topa con un sistema social que carece de núcleos familiares. La bioingeniería ha creado seres físicamente más mejoradas. Cualquier cuestionamiento es rectificado por medio de una sustancia que impide la eclosión de cualquier emoción sin ningún daño al organismo.

En el campo literario, las distopías tienen principio, después de la consolidación de un régimen utópico. Los trastornos del mundo contemporáneo son apenas velados por la supuesta asepsia social. En un momento dado se explotan como la lava de un volcán por largo tiempo sofocado.

La mayor parte de las veces las historias son narradas por un protagonista consciente de la realidad, sin embargo, sumergido en la ignorancia general. Los autores incrementan los relatos con elementos como el abuso de la represión material y mental, el uso de estupefacientes y de robots, y la exclusividad del saber, los medios utilizados para abatir directamente a la sociedad.

En la Naranja Mecánica, un clásico también de las novelas distópicas, inmortalizado en la pantalla por el cineasta Stanley Kubrick en 1971, el autor, Anthony Burguess, se centra en un tiempo lejano, impreciso, en el que la inclinación de la Humanidad a la violencia diverge de la cadencia del perfeccionamiento del intelecto, y esta discordancia rítmica provoca la caída social.