El Planeta de los Simios (1968)

En 1968, Franklin J. Schaffner dirigió la primera película que inició la serie de películas, siendo un gran éxito de público y de crítica, y marcando el cine mainstream de la época. Hasta el día de hoy esta primer película de el Planeta de los Simios es un icono de la cultura pop, con diversas escenas famosas. La trama es bien distinta de la que se muestra en el libro, en su forma y algunos nombres diferentes. Taylor (Charlton Heston) es un astronauta que desciende con su equipo en un planeta muy similar a la Tierra, y que descubre que se trata de un nuevo imperio gestionado por monos (las tres especies: orangutanes, chimpancés y gorilas) que estos estudian humanos. Conforme la historia va avanzando Taylor es estudiado por los doctores Zira (Kim Hunter) y Cornelius (Roddy McDowall), dos chimpancés que creen en sus palabras. Con el desarrollo de la historia, los destinos de los personajes se transforman y culminan en un plot twist interesante, con el fin de mantener al espectador para su próxima película.

Argumento

La historia comienza con cuatro astronautas humanos en su nave espacial. Tres están en modo de hibernación profunda y el otro está grabando un último mensaje a la Tierra antes de dormir. Como el tiempo en el espacio pasa más despacio debido a la alta velocidad a la que viajan, el capitán Taylor, interpretado por la estrella Charlton Heston (Ben-Hur), dice que, a pesar de que estén a seis meses de viaje, en la Tierra han pasado casi siete siglos. «Los hombres que nos iniciaron en esta jornada hace mucho ya murieron».

No obstante, su sueño es interrumpido cuando la nave entra en la atmósfera de un planeta, a punto de caer. Es en ese momento que se enteran de que la astronauta Stewart estaba muerta debido a una fuga de aire en la cámara de reposo. Los tres astronautas sobreviven a la caída, y comienzan a vagar por el planeta desconocido en busca de vida y más conocimiento. Durante estas andanzas, los hombres descubren el nuevo territorio, y conocemos más sobre el protagonista, el capitán Taylor. Extremadamente cínico y misántropo, afirma que el único motivo para haber aceptado el viaje es su certeza de que, en algún lugar del universo, debe haber algo mejor que el ser humano.

Después de encontrar agua y plantas, los tres se ven sorprendidos por un grupo de habitantes nativos que roba sus pertenencias. Sin embargo, lo que más los sorprende, en realidad, es que los ladrones son muy parecidos a los humanos, pero viven de forma primitiva. Usan ropa rudimentaria, no se comunican por el lenguaje hablado y viven en manadas.

A continuación, se produce uno de los grandes puntos de inflexión de la película: los astronautas y los nativos son atacados y perseguidos por una especie de monos altamente inteligentes y desarrollados. Estos simios usan armas, montan en caballos y se comunican de la misma forma que los tres humanos. Las escenas de persecución se hacen aún mejores debido a las composiciones del músico Jerry Goldsmith. La banda sonora de la película es brillante, llena de algarabía y horror, lo que transmite un aura psicodélica y pesada a la película. Los simios matan a uno de los terrícolas, y capturan a los otros: Landon y Taylor (quien sufrió una herida en el cuello y ahora tiene dificultades para hablar).

Una vez que son capturados, los simios se ven atraídos por la ropa extraña con las que aquellos dos hombres visten, y entonces envían a la psicóloga clínica veterinaria Zira a investigarlo.

Viendo que la chimpancé era bien intencionada, Taylor le hace gestos y consigue un papel y un lápiz, y se los devuelve con una nota que decía «Mi nombre es Taylor». Encantada, Kiara lo saca de la cárcel y lo lleva a casa. Las dudas y los cuestionamientos no paran de surgir en la mente de Taylor: hace poco tiempo atrás estaba viajando en el espacio, y ahora se encuentra atrapado en un planeta extraño donde los seres humanos son seres primitivos, esclavizados y oprimidos por una especie dominante de monos, que dividen a la sociedad por puestos de trabajo y de castas: los gorilas son militares, los orangutanes son políticos y abogados, y los chimpancés suelen ser científicos.

Él intenta explicar a Zira y su novio, el científico Cornelius, que es un ser de otro planeta, y que llegó por medio de una nave espacial. Poco a poco, la pareja creen en sus historias y comienzan a ayudarle. Sin embargo, se encuentran con una fuerte resistencia por parte de Zaius, que es, al mismo tiempo, el ministro de ciencia y jefe defensor de la fe. Si Taylor es tan inteligente como los monos, las escrituras divinas que dicen que «el proveedor creó al mono a su imagen y semejanza» se verían trastocadas, y Zaius no podía permitir eso. Luchando contra esta resistencia religioso y política, Taylor (que ya podía hablar de nuevo), Zira y Cornelius tienen que huir de la ciudad hacia la Zona Prohibida, donde Cornelius fuera anteriormente para llevar a cabo una serie de excavaciones que podían probar que el hombre formaba parte del proceso evolutivo del mono, y así salvarse de las acusaciones de herejía.

Zaius los sigue, y todos entran en la cueva. Cornelius explica que las excavaciones han demostrado una extraña paradoja en la que, cuanto más antigua es la cultura, más avanzada es. Cuando Taylor reconoce los artefactos, logra demostrar que el hombre llegó antes que el mono a ese planeta, y que había una civilización muy desarrollada.

El Planeta de los Simios fue la primera película de ciencia ficción en generar un enorme legado de productos y de obras en diversos medios de comunicación. Surgieron innumerables secuencias, una serie de televisión, muñecos y cómics. Allanado el camino para que, posteriormente, surgieran fenómenos como Star Wars y Star Trek. Fue un éxito en la época en que fue lanzado, y catapultó la carrera del excelente director Franklin J. Schaffner al estrellato – su siguiente película, Patton, ganó 7 de los 10 premios de la academia para los cuales fuera indicado, incluyendo el de Mejor Director para él. Curiosamente, el éxito de El Planeta de los Simios, acabó por suplantar otra gran obra maestra de la ciencia ficción lanzada en el mismo año de 1968, 2001: Una Odisea en el Espacio, de Stanley Kubrick.

Las bellas imágenes, la banda sonora impactante y la gran actuación de Heston hacen que la película sea un imprescindible para cualquier cinéfilo. La película también fue muy audaz, por tratarse, en plena Guerra Fría, de una manera tan directa y ácida sobre el poder de la destrucción del hombre, tantas veces citado por Taylor y Zaius. La mítica escena final es poderosísima, y Schaffner, con una simple imagen, nos entrega la horrible verdad. La verdad que sólo Zaius sabía, y que ahora Taylor también conoce. Su desahogo es, por encima de todo, una advertencia para toda la humanidad.

Diferencias entre el libro y la El Planeta de los Simios de (1968)

Antes del lanzamiento de la película de 1968, el creador de la historia estaba preocupado, después de todo, los efectos especiales no eran ideales y creía que existiera la posibilidad de que todo pareciera ridículo. Sin embargo, cuando la película salió, quedó satisfecho con los avances tecnológicos que le hicieron ganar un Óscar.

El libro el Planeta de los Simios, después de ser publicado, capturó a Hollywood y a su público; el cual surgió después de una visita al zoológico, después de todo, el escritor quedó impresionado con las expresiones casi humanas de los gorilas. De ahí nació la trama sobre cuestiones políticas y existenciales en la forma de una sátira de la sociedad humana.

El cine aprovechó el tono pesimista de la historia para hacer críticas sociales aún más relevantes; siendo esta la principal diferencia. En el caso de la primera trilogía, la crítica estaba dirigida contra el armamento nuclear. En la historia actual, con Andy Serkis, el peligro es la manipulación genética.

En la primera trilogía, una guerra nuclear devasta el planeta de los simios sobrevivientes evolucionan hacia una civilización avanzada. En la serie cinematográfica actual, una enfermedad creada en laboratorio y probada en monos mata a la mayor parte de la humanidad y transforma los simios en los seres inteligentes. En los dos casos, la culpa de la extinción del hombre.

En la obra de Boulle, sin embargo, no hay culpables y las civilizaciones simplemente terminan un día; sin saberse exactamente la razón de ello. Y, sea lo que sea el ser dominante, las organizaciones se repiten, así como los males de la sociedad. Por ello la sociedad del hombre no se diferencia demasiado de la sociedad de los simios presentada en la trama narrativa.

El tono de la crítica de la obra original nació de la experiencia de Boulle durante la Segunda Guerra Mundial, cuando fue capturado en la guerra de Indochina y obligado a trabajar como prisionero durante dos años en la ciudad de Hanói, en Vietnam.